Prometí no volver a escribir sobre J., pero hoy, masomenos, me toca hacerlo. Mi promesa ahora es una certeza: ni me gusta, ni me interesa. En diciembre, cuando vi que volver estaba más difícil de lo que creía, corté todo lo que tenía de antes. Me quedé con N. y nada más. Me di cuenta de que los amigos que habían llegado por J. eran de él. Lo único que hice fue dejar de salir y sacarlos de facebook. Muy simple en realidad. Cuando no estuve más ahí, dejaron de pensar en mí. Las llamadas que he recibido en todo este tiempo no han sido más de diez y cumplir años me llenaba de miedo. Nadie me va a felicitar. No va a ser como siempre. Estoy sola.

Fue mejor que siempre. Tranquilo y bonito. Me iba a hacer la machita pero mucha gente me felicitó. Y eso fue hermoso. Además, me he di cuenta de que con la gente que se fue también llegó mucha más: I., Lorena, Melisa, Miguel, Diana, Sergio, Merme y Sebitas. David que corrige lo que escribo. Jorge que me dice cariño. Es una lista bonita que hoy, con mis felicitaciones de cumpleaños, se hizo más grande. 

Empezó con el mensaje de Cristiana. Me decía que me quedara young, wild and happy, como ella me conoció. Termina conmigo diciendo gracias.


Uno que le gusta a todos menos a usted: La elegancia del erizo, Muriel Barbery.
Esto nunca empezó bien. Primero, pensé que era malo porque la traducción era en español de España y yo no soy tan sofisticada como para apreciarla. Pero no, es malo con ganas y punto. Así les guste mucho a ustedes, así los libreros de Francia vean en usted, señora, la sucesora de Proust, su libro es una estafa. Es malo, primero, porque quiere mostrarle al mundo que ha leído un montón, escucha música culta y cree en el poder de la belleza interior. También posa de ingeniosa con unos personajes tan poco verosímiles que dan pena. Ajena. Una portera puerca y maloliente como son los franceses que se levanta un señor platudo y una suicida multimillonaria de 12 años que es genio, pero no quiere que nadie lo sepa. Uno no tiene de dónde cogerse en este libro. Es memorable por odioso y mentiroso. Diga de una buena vez que es de autoayuda y nos ahorramos el resto, pelmaza.
Yo fui suicida de 12 años y eso no es un problema. El problema, Sra. Babery, es que usted promete un montón de cosas y no da ni media. Promete, por ejemplo, sentido del humor. Y, déjeme decirle, con nada de respeto, que los chistes de gente cagando nunca han sido charros. 
También dice que el lector va dar con una extraña amistad que desafía paradigmas. Si con eso se refiere a desafiar niveles de bobada, pues ahí sí cumplió. La felicito.
Lo que nunca hicieron ni usted ni su editor fue ponerle un letrero gigante que dijera AUTOAYUDA a su librito. Porque de eso es. Autoayuda disfrazada. Por eso se lo ha leído tanta gente, perra, por nada mas. Porque bueno no es. Está lleno de moralejas cursis y mal hechas. Paulo Coehlo por lo menos lo hace con decencia, dice que sus libros son para volverse mejor persona y ya. Usted no, usted es una descarada y mentirosa que pretende enseñarle al mundo lo equivocado que está con respecto a sus motivaciones y superficialidad pasando de agache. Y eso, señora, no se hace.  
Anotación: Yo sé que debería poner ejemplos de lo que digo, pero boté ese hijueputa libro.

Uno que le gusta a todos menos a usted: La elegancia del erizo, Muriel Barbery.

Esto nunca empezó bien. Primero, pensé que era malo porque la traducción era en español de España y yo no soy tan sofisticada como para apreciarla. Pero no, es malo con ganas y punto. Así les guste mucho a ustedes, así los libreros de Francia vean en usted, señora, la sucesora de Proust, su libro es una estafa. Es malo, primero, porque quiere mostrarle al mundo que ha leído un montón, escucha música culta y cree en el poder de la belleza interior. También posa de ingeniosa con unos personajes tan poco verosímiles que dan pena. Ajena. Una portera puerca y maloliente como son los franceses que se levanta un señor platudo y una suicida multimillonaria de 12 años que es genio, pero no quiere que nadie lo sepa. Uno no tiene de dónde cogerse en este libro. Es memorable por odioso y mentiroso. Diga de una buena vez que es de autoayuda y nos ahorramos el resto, pelmaza.

Yo fui suicida de 12 años y eso no es un problema. El problema, Sra. Babery, es que usted promete un montón de cosas y no da ni media. Promete, por ejemplo, sentido del humor. Y, déjeme decirle, con nada de respeto, que los chistes de gente cagando nunca han sido charros. 

También dice que el lector va dar con una extraña amistad que desafía paradigmas. Si con eso se refiere a desafiar niveles de bobada, pues ahí sí cumplió. La felicito.

Lo que nunca hicieron ni usted ni su editor fue ponerle un letrero gigante que dijera AUTOAYUDA a su librito. Porque de eso es. Autoayuda disfrazada. Por eso se lo ha leído tanta gente, perra, por nada mas. Porque bueno no es. Está lleno de moralejas cursis y mal hechas. Paulo Coehlo por lo menos lo hace con decencia, dice que sus libros son para volverse mejor persona y ya. Usted no, usted es una descarada y mentirosa que pretende enseñarle al mundo lo equivocado que está con respecto a sus motivaciones y superficialidad pasando de agache. Y eso, señora, no se hace.  

Anotación: Yo sé que debería poner ejemplos de lo que digo, pero boté ese hijueputa libro.


Uno (siete) que sea un placer culposo:
Amigos verdaderos fans de Harry Potter: no me maten. Desde que empecé a hacer esto de los libros solo he pensando en el lugar que le iba a tocar a Harry Potter y por eso mismo me he demorado tanto en escribir la tercera entrada. Pero, ¿cómo es que después de ir a los estrenos de medianoche, disfrazada, admito que mi paso por Hogwarts es un placer culposo? Cuando empecé a buscar más argumentos para defenderlo, aparte del maravilloso mundo de la magia, las cosas increíbles que en el libro pasan, lo fácil que es conectarse con los personajes, ser uno de ellos y que puso a leer a millones de niños, no encontré más. Simple: tenía 12 años cuando empecé a leerlo y hoy son 23.
Es un placer culposo que cargo con mucho orgullo. Que amo. Pero hay cosas que no me cuadran. Que me hacen faltan. Que me dan un poquito de pena cada vez que le digo a alguien que sí, que en mi cuarto hay un afiche de la Cámara de los secretos, el Diccionario del Mago, la bufanda de Gryffindor, el manual de Quidditch y que en los libros están todos mis días de colegio.  

Uno (siete) que sea un placer culposo:

Amigos verdaderos fans de Harry Potter: no me maten. Desde que empecé a hacer esto de los libros solo he pensando en el lugar que le iba a tocar a Harry Potter y por eso mismo me he demorado tanto en escribir la tercera entrada. Pero, ¿cómo es que después de ir a los estrenos de medianoche, disfrazada, admito que mi paso por Hogwarts es un placer culposo? Cuando empecé a buscar más argumentos para defenderlo, aparte del maravilloso mundo de la magia, las cosas increíbles que en el libro pasan, lo fácil que es conectarse con los personajes, ser uno de ellos y que puso a leer a millones de niños, no encontré más. Simple: tenía 12 años cuando empecé a leerlo y hoy son 23.

Es un placer culposo que cargo con mucho orgullo. Que amo. Pero hay cosas que no me cuadran. Que me hacen faltan. Que me dan un poquito de pena cada vez que le digo a alguien que sí, que en mi cuarto hay un afiche de la Cámara de los secretos, el Diccionario del Mago, la bufanda de Gryffindor, el manual de Quidditch y que en los libros están todos mis días de colegio.  


i #2

Lo último que le dije fue que si podíamos solucionar las cosas. Lo penúltimo fue te amo. No, para la última. Silencio con la penúltima. Una semana antes le había escrito para decirle que cada vez me gustaba más. Qué intensa. El correo también hablaba de que me encantaba cuando se reía medio dormido, cuando intentaba peinarme, ver su nombre en el celular. No he llorado pero las ganas de hacerlo no se van. Por momentos las siento menos. Pero vuelven. Siempre.

Hace unos meses me prometí no volver a J. No volver a sentirme así por nadie. Me hice un tatuaje para acordarme. Siempre. De pronto por eso no he llorado. De pronto es que ya sabía que iba a pasar. Que estaba en una cuenta regresiva.

Pensé mucho en decirte que te amo. Casi siempre después de que colgábamos. No me importaba (no me importa) el silencio. Cuando lo dije, en la última conversación, me sentí bien por un momento. Te espanté. Seguro. Después me sentí mal otra vez. Sospecho que las lágrimas están en alguna parte entre el estómago, que es dónde me ahogo, y los ojos. No quieren llegar. Voy a esperar. 



Uno que se haya demorado mucho en leer:
El Simarillion de J.R.R Toliken. Cuando era una adolescente sin gracia, ni gloria, intenté meterme en algún rollo de esos que servían para justificar por qué odiaba al mundo. No fui muy constante, ni aprendí a jugar rol, pero con eso de pegarle al magic y a evangelion para encajar en el mundo de los geeks con vida social me leí varios libros de Tolkien y, entre ellos, El Silmarillion. 
Casi no termino el hijueputa, que es muy bueno, pero al final. Al principio, qué tortura. Ese montón de dioses cantando para crear un planeta, durante días enteros, por dios, son una jartera, Sr. Tolkien. Cuántas veces tuve que empezar de nuevo porque el sueño me hacía olvidar de todo. 
Con el libro leídito, después de muchos intentos, mi vecina geek con vida social me llevó a una de sus reuniones de anime. Y yo feliz, que porque había gente para hablar sobre Tolkien y Harry Potter. My ass. Llegué tarde a eso y ya no estaba de moda. 

Uno que se haya demorado mucho en leer:

El Simarillion de J.R.R Toliken. Cuando era una adolescente sin gracia, ni gloria, intenté meterme en algún rollo de esos que servían para justificar por qué odiaba al mundo. No fui muy constante, ni aprendí a jugar rol, pero con eso de pegarle al magic y a evangelion para encajar en el mundo de los geeks con vida social me leí varios libros de Tolkien y, entre ellos, El Silmarillion

Casi no termino el hijueputa, que es muy bueno, pero al final. Al principio, qué tortura. Ese montón de dioses cantando para crear un planeta, durante días enteros, por dios, son una jartera, Sr. Tolkien. Cuántas veces tuve que empezar de nuevo porque el sueño me hacía olvidar de todo. 

Con el libro leídito, después de muchos intentos, mi vecina geek con vida social me llevó a una de sus reuniones de anime. Y yo feliz, que porque había gente para hablar sobre Tolkien y Harry Potter. My ass. Llegué tarde a eso y ya no estaba de moda. 



1. Uno que leyó de una sentada
[Una anotación inicial: Quiero dedicar este triunfo sobre mi pereza a @e_duperly. Su blog me motivó a iniciar este viaje por mi intelecto (y a cruzar los dedos para tener más de 30 libros leídos).]
Una vez saqué El Principito de la biblioteca de la Alianza Francesa y me lo leí completico. Sin moverme de la silla. Pero como esa es respuesta de reina, no cuenta. Voy a hacer trampa: Uno que se leyó en una sentada y media.
Primero estaba el mar de Tomas González. Lo empecé sentada afuera del Euro mientras mi mamá me recogía y lo terminé el mismo día (o al otro) por la noche. Sentada y media. Pero ese libro me dejó como quieta entonces lo pueden juntar en una sola. Lo amé. El primer libro que compré de Tomás González fue Abraham entre bandidos, lo compré porque estaba de moda en la feria del libro, pero solo me lo leí el mes pasado, después de cargarlo un año en bolsos y leerme el primero de Tomás.
O por chiquito, o porque quería impresionar a I. con mis lecturas, terminé Primero estaba el mar de una. Y ese libro me puso a pensar en Manuela, me llenó de angustia y no me dejó dormir, pero, por más bobo que suene, fue una angustia que al final disfruté. Cuando estaba quieta y no podía dejar de pensar en lo que sintió J. cuando se estaba muriendo. En lo que pensó Manuela cuenta le pasó eso. Una tristeza cercana. Compartida. 

1. Uno que leyó de una sentada

[Una anotación inicial: Quiero dedicar este triunfo sobre mi pereza a @e_duperly. Su blog me motivó a iniciar este viaje por mi intelecto (y a cruzar los dedos para tener más de 30 libros leídos).]

Una vez saqué El Principito de la biblioteca de la Alianza Francesa y me lo leí completico. Sin moverme de la silla. Pero como esa es respuesta de reina, no cuenta. Voy a hacer trampa: Uno que se leyó en una sentada y media.

Primero estaba el mar de Tomas González. Lo empecé sentada afuera del Euro mientras mi mamá me recogía y lo terminé el mismo día (o al otro) por la noche. Sentada y media. Pero ese libro me dejó como quieta entonces lo pueden juntar en una sola. Lo amé. El primer libro que compré de Tomás González fue Abraham entre bandidos, lo compré porque estaba de moda en la feria del libro, pero solo me lo leí el mes pasado, después de cargarlo un año en bolsos y leerme el primero de Tomás.

O por chiquito, o porque quería impresionar a I. con mis lecturas, terminé Primero estaba el mar de una. Y ese libro me puso a pensar en Manuela, me llenó de angustia y no me dejó dormir, pero, por más bobo que suene, fue una angustia que al final disfruté. Cuando estaba quieta y no podía dejar de pensar en lo que sintió J. cuando se estaba muriendo. En lo que pensó Manuela cuenta le pasó eso. Una tristeza cercana. Compartida. 


Quiero que sea otra vez miércoles. Y que dure mucho tiempo. Hasta que esté lista. 


i #1

i me gusta aún cuando no me responde cada vez que le digo que lo quiero. ojalá yo le guste. pienso mucho en eso. en que ojalá funcione. en que no aparezca nadie. allá. acá, bueno, i les gana. 





(via mikewaters)



:)

:)